ICEC aborda las evaluaciones escolares a partir de las emociones y las conexiones cerebrales

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El módulo de evaluación fue dictado por la Magíster en Fisiología, Carmen Gallardo, y la Doctora en Educación, Pilar Reyes, con el objetivo de adecuar los estándares que los profesores aplican en la revisión del aprendizaje de sus estudiantes.

Doctora Pilar Reyes dictando la última parte del módulo de evaluación. 

El Programa Nacional de Indagación Científica para la Educación en Ciencias (ICEC) es una iniciativa de innovación pedagógica del Ministerio de Educación, que busca fortalecer la educación pública, ayudando a docentes de diversas asignaturas que trabajan en escuelas urbanas y rurales y liceos públicos, a mejorar la calidad de la enseñanza científica. En esta región, es ejecutada por la Universidad de Magallanes, y abarca desde el nivel parvulario hasta segundo medio.

Pilar Reyes conversa con la encargada del módulo de evaluación, Carmen Gallardo.

Una de las líneas de trabajo es la Formación Docente en Indagación Científica, la cual, entre otras acciones, desarrolla un Curso anual de Especialización Intermedia. Allí se abordan elementos esenciales de didáctica de las ciencias naturales, a través de ocho unidades, una de las cuales acaba de ser dictada por la Profesora de Biología y Ciencias, Magíster en Fisiología, Carmen Gallardo.

Para ella, la evaluación escolar es vital, porque “es la manera como nosotros vamos a ir dándonos cuenta del aprendizaje que nuestros alumnos están teniendo. Y para ello es súper importante ir buscando nuevas estrategias”, asegura. Su participación estuvo enfocada en las bases biológicas del aprendizaje, visto desde las neurociencias y la importancia que tienen las emociones. “Cuando un alumno se siente tranquilo, se siente querido, está en un ambiente grato, es mucho más fácil que aprenda. Y, por supuesto, obtener bajas calificaciones genera conductas negativas que bloquean el aprendizaje”.

Carmen explica que las conexiones sinápticas permiten ir fijando el aprendizaje, lo que facilita ir obteniendo logros académicos y, así, alcanzar emociones positivas. Ése es el círculo virtuoso que hay que proteger en el proceso de evaluación, y para llevarlo a la práctica, el módulo concluyó con la participación de la Doctora en Educación encargada del programa ICEC en la Universidad de Chile, Pilar Reyes, quien compartió un trabajo de evaluación para el aprendizaje, en el contexto de una colaboración entre universidades estatales por la educación pública.

“Tenemos que hacer progresar a los estudiantes desde el punto en que nos encontramos con ellos”, dice Pilar, y para eso considera necesario trabajar los conceptos de progreso, oportunidades y tiempo que tienen los docentes. “Las conexiones neuronales necesitan precisamente eso, tiempo, y no necesitan que les digamos que tienen un 2 (…) o un 4 o un 7”, explica. El trabajo debe ser más afectivo, porque “si recibe un número 2 como nota (en escala) de 1 a 7, va a ser una frustración y, en el fondo, la conexión neuronal va a ser negativa”, comentó la académica.

Para Natalia Armijo, Profesora de Educación Física de la Escuela Pedro Pablo Lemaitre y de la UMAG, el tema es complejo, “porque nosotros sabemos que los niños aprenden, pero eso después tenemos que traspasarlo a las calificaciones. Queremos que los niños estén contentos, estén felices, pero que también aprendan”, afirmó. En tanto, María Isabel Acevedo, profesora de Matemática de la Escuela 18 de Septiembre de Punta Arenas, coincide con sus colegas en que tienen poco tiempo para evaluar, y en el hecho de que “una nota no demuestra realmente el aprendizaje (…), o sea, hay que dar oportunidades, porque la evaluación es una toma de decisión que el profesor tiene que hacer a raíz de lo que ha ido conociendo de sus alumnos”, aseguró.

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